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5 mayo, 2026 Por Dr. Farid en CENTRO DE ATENCIÓN PLENA

¿Qué es el dolor? Procedimientos de intervención para sus distintas dimensiones.

El dolor no es solo una señal física de daño tisular, sino una compleja experiencia sensorial y emocional fuertemente modulada por la atención. La atención actúa como un filtro que determina la intensidad con la que percibimos el dolor, siendo un prerrequisito para la consciencia del mismo.  Podríamos decir que el dolor es una experiencia atencional multidimensional.

Según la International Association for the Study of Pain (IASP), el dolor se define como una “experiencia sensitiva y emocional desagradable asociada con, o que se asemeja a la asociada con, un daño tisular real o potencial.

Hay varios conceptos clave para entender el dolor:

  • La experiencia del dolor es siempre subjetiva.
  • Los individuos aprenden el concepto de dolor a través de experiencias.
  • Los contextos biomédicos, psicológicos y sociales de los individuos influyen en su experiencia del dolor.

La IASP enfatizó que el informe de dolor de un individuo siempre debe respetarse, y que la descripción verbal del dolor es solo una forma de comunicar el dolor. De hecho, la incapacidad para comunicarse no niega la posibilidad de experimentar dolor.

Tiene componentes sensitivos y emocionales, y a menudo se clasifica como agudo o crónico. Con frecuencia, el dolor agudo se asocia con ansiedad e hiperactividad del sistema nervioso simpático (p. ej., taquicardia, aumento de la frecuencia respiratoria y de la tensión arterial, diaforesis, pupilas dilatadas). El dolor crónico generalmente no comporta hiperactividad simpática pero puede estar asociado con otras comorbilidades (ej. fatiga, alteraciones del sueño, insatisfacción con los roles sociales, cambios en el estado de ánimo, ansiedad).

El dolor es la razón más común por la que los pacientes buscan atención médica, y el dolor crónico, definido como dolor que dura más de 3 meses, impacta a una gran proporción de la población. Este hecho ha provocado que el dolor se asuma como un síntoma de un proceso patológico más grave que produciría la búsqueda de la atención y tratamiento médico.

Sin embargo para poder comprender, evaluar o intervenir el dolor hay que tener en cuenta por lo menos tres dimensiones que confieren al dolor una serie de características especiales, pero completamente interrelacionadas:

  1. Dimensión sensorial/discriminativa,
  2. Dimensión motivacional/afectiva
  3. Dimensión cognitivo/evaluativa.

La dimensión sensorial-discriminativa esta relacionada con los mecanismos anatomofisiológicos. Es la encargada de la transmisión de la estimulación nociceptiva desde la región donde se produce un daño tisular, infección o cualquier otra alteración orgánica o funcional hasta los centros nerviosos superiores. Tal dimensión es la responsable de la detección de las características espaciales y temporales del dolor, así como de la intensidad y ciertos aspectos de la cualidad del dolor (distinción entre dolor urente, opresivo), parámetros muy relevantes para el diagnóstico de la enfermedad o afección que produce el dolor.

Los procedimientos de intervención que se basan en la dimensión sensorial-discriminativa son las técnicas biomédicas tradicionales. Los analgésicos (quizá el más utilizado de todos los tipos de intervención) pueden incidir en tres niveles: a nivel receptorial, disminuyendo la capacidad de estimulación de los nociceptores (analgésicos como el ketorolaco); a nivel de conducción (anestésicos locales como la lidocaína); o a nivel central (opiáceos).

La dimensión motivacional-afectiva implica la cualidad subjetiva de la experiencia de dolor, en concreto en los aspectos de sufrimiento, aversión, desagrado, o cambios emocionales producidos. Algunas de las reacciones emocionales que están más directamente relacionadas con el dolor son ansiedad y depresión.

Debido al componente aversivo del dolor se producen conductas de evitación o escape, que tendrán una especial significación para el mantenimiento de las conductas de dolor y de la propia experiencia dolorosa. Los procedimientos más utilizados son técnicas psicológicas en las que se evite esta dimensión aversiva. Las técnicas más características son sugestión dialéctico conductuales, hipnosis, y todas las técnicas terapéuticas de atención plena.

La dimensión cognitivo-evaluativa, está directamente relacionada con la motivacional-afectiva y hace referencia a las creencias, valores culturales y variables cognitivas, tales como autoeficacia, percepción de control y de las consecuencias de la experiencia de dolor. Las técnicas psicológicas de control del dolor preparan al paciente para que experimente el dolor sin catastrofismos y que sea capaz de utilizar las estrategias de afrontamiento más adecuadas. Ello conlleva, evidentemente, que sus reacciones emocionales ante el dolor no sean tan aversivas, lo que redundará en mayor eficacia de las estrategias cognitivas para el control del dolor.

Los procedimientos más característicos son las técnicas cognitivo-comportamentales, reevaluación de las sensaciones y técnicas de atención plena.

En la RRJPII, residencia especializada en trastornos neurodegnerativos ponemos a disposición del público nuestro nuevo Centro de Atención Plena (CAP), con el propósito de atender de
manera especializada un amplio abanico de formas de sufrimiento humano. Se trata tanto el dolor
que está relacionado con enfermedades, incluidas las que son limitantes y/o amenazantes
para la vida, así como el que se relaciona a accidentes, adicciones y otras formas de malestar
emocional.

El enfoque del CAP es individualizado, multidisciplinario e involucra formas de
terapia médica y psicológica basada en evidencia, así como la integración de desarrollos
recientes en la filosofía del dolor y del sufrimiento.

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