Sencillos consejos para ayudar a prevenir el deterioro de la memoria al envejecer.

El envejecimiento cerebral trae consigo una inevitable pérdida de facultades mentales. La memoria, uno de los pilares del funcionamiento cognitivo, se ve afectada gradualmente por la acumulación de residuos neuronales que interfieren con los procesos del cerebro.
La memoria es una herramienta esencial para adaptarse a situaciones complejas, ya que almacena experiencias que ayudan a resolver problemas. Su deterioro representa una amenaza para la autonomía y la calidad de vida de los adultos mayores.
Durante los últimos veinte años, los estudios sobre el cerebro se han enfocado en el lóbulo frontal y el hipocampo, regiones encargadas de guardar los recuerdos, con el fin de entender cómo fortalecerlas a través de hábitos saludables como el ejercicio y la alimentación balanceada.
Con el propósito de identificar mecanismos que favorezcan la conservación de la memoria, un equipo de científicos de la Universidad de Washington en San Luis, Estados Unidos, condujo una serie de experimentos en ratones. El objetivo fue comprobar si la dilatación de los vasos sanguíneos podría favorecer la irrigación en el cerebro y mejorar la capacidad cognitiva.
Los resultados mostraron que, con el paso de los años, los vasos pierden su capacidad para bombear sangre de manera continua. Esta reducción en el flujo afecta negativamente al lóbulo frontal y al hipocampo, al dificultar la eliminación de desechos.
A pesar de que existen medicamentos diseñados para rejuvenecer los vasos, estos medicamentos aún no logran atravesar la barrera hematoencefálica, que es la barrera que protege nuestro cerebro de agentes externos nocivos y mantiene la circulación sanguínea separada de la circulación cerebral.
Por ello, propusieron otro enfoque: actuar directamente sobre los conductos por donde fluye la sangre hacia el cerebro.
Hace una década se descubrió que tanto en humanos como en ratones existe una red de vasos alrededor del cerebro llamada vasos linfáticos meníngeos. Estos tienen la función de drenar líquidos y residuos hacia los ganglios linfáticos, donde se concentran células inmunitarias capaces de detectar infecciones o afecciones cerebrales.
Con el paso del tiempo o ante enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, esta red pierde efectividad. Cuando esto ocurre, los desechos se acumulan y sobrecargan las células inmunes del cerebro, conocidas como microglía.
Nuevas evidencias permitieron identificar que estas células, en situaciones de estrés, emiten una señal específica que funciona a manera de señal de auxilio para el cerebro. “
Los científicos constataron que la presencia de esta proteína en diferentes zonas del cerebro provocaba un desequilibrio en la forma en que las neuronas se comunicaban entre sí.
Frente a este panorama, se concluyó que, aunque aún no podamos revitalizar las neuronas, sí podemos asegurar su funcionamiento óptimo mediante la modulación de los vasos linfáticos meníngeos.
En la Residencia de Retiro Juan Pablo III, RRJPII, Residencia especializada en trastornos neurodegnerativos sabemos la importancia de la salud cerebral por lo que te presentamos sencillos consejos para mantener sanos los vasos linfáticos meníngeos.
- Hidratación: Beber suficiente agua es fundamental para asegurar un flujo linfático adecuado, ya que la linfa es en gran parte agua.
- Actividad física: El ejercicio regular, como caminar, nadar o hacer yoga, ayuda a estimular el flujo linfático y a reducir la retención de líquidos. Evita el sedentarismo, ya que la falta de movimiento puede ralentizar el flujo linfático.
- Dieta equilibrada: Una dieta rica en frutas, verduras, fibra y agua es beneficiosa para la salud linfática. Evita el consumo excesivo de alimentos procesados, azúcares y grasas saturadas, ya que pueden interferir con el funcionamiento del sistema linfático.
- Evita el estrés.
- Duerme lo suficiente.
- Evita ropa ajustada.
- Evita el sobrepeso.
- No fumes: El tabaco puede dañar los vasos linfáticos y comprometer la salud del sistema inmunológico.
